Ofrecíamos melodías alegres y la gente se juntaba en sus puertas para escucharnos. Las monedas sonaban al caer en las alcancías y exclamaciones de "¡Feliz Navidad!" se oían en las calles y en los vecindarios deGlasgow.
La música hablaba de un Salvador. Hablaba de esperanza, perdón, reconciliación, buena voluntad, Cielo. ¡Me encantaba! Sentíamos mucho muchísimo frío. Yo, por supuesto, había oído historias de válvulas de instrumentos de bronce congeladas, pero me costaba creerlas - ¡hasta que me sucedió a mí! Caminar entre un farol de luz y otro en las calles con temperaturas bajo cero para leer nuestra música a su tenue luz no le hacía bien a las válvulas. Pero valía la pena. Estábamos haciendo algo juntos. Nos sentíamos ennoblecidos por la incomodad y los dolores para poder dar nuestro testimonio musical. Éramos músicos intrépidos, dispuestos a enfrentar Los elementos. ¿Debiluchos? ¡Jamás! ¿Músicos sólo en días de buen tiempo? ¡Nosotros, no! Válvulas congeladas y dedos ateridos eran soportados casi como un rito acostumbrado. Podíamos contar nuestras historias y ser admirados, según nos parecía, por nuestra firmeza. La perspectiva de disfrutar más tarde de una bebida caliente y exquisiteces nos ayudaba mucho. Desde esos días apacibles, se me ha permitido ver muchas Navidades. He vivido en cinco continentes y sé cómo es la Navidad en el hemisferio sur, a menudo con un clima húmedo y caluroso - muy distinto de las noches heladas de Glasgow.  Mas una cosa ha permanecido constante. Ya sea en medio de las gélidas ráfagas de Escocia o en los ardientes veranos de Nueva Zelanda o Zimbawe, he deseado decir un feliz y agradecido "¡Sí!" al don de Dios de Jesús, a su oferta de un Salvador para mi pecado, y a su legítimo, persistente y amoroso llamado a que yo le siga en los pasos de Cristo día tras día.¿Está usted siguiéndole también? Una feliz y bendecida Navidad y Año Nuevo a cada uno de ustedes. Shaw Clifton General del Ejército de Salvación Back to top |